No existe evidencia de que el control sobre nuestro cuerpo se restablezca automáticamente tras la desaparición del dolor. De hecho, los datos apuntan más bien a lo contrario.
Sin embargo, esto es un círculo vicioso. Mientras tenemos dolor, no podemos concentrarnos realmente en recuperar el control corporal.
Muchos miedos nos frenan a la hora de iniciar cualquier movimiento “serio”. Pero créeme: una serie de ejercicios terapéuticos bien estructurada lo vale todo.
No basta con un tratamiento centrado únicamente en el dolor; también es fundamental restaurar el control sobre el cuerpo (propiocepción) para evitar que el dolor se vuelva crónico.
¿Por qué no es suficiente la fisioterapia “convencional”?
Tras un accidente, no solo se dañan los tejidos, sino que también cambia la conexión entre el sistema nervioso y los músculos. Si solo calmamos el dolor, pero no restauramos el control sobre el cuerpo, el dolor se cronifica.
Este es un círculo vicioso que arruina tanto tu capacidad laboral como tu vida familiar.
¿Cómo se relaciona el ciclo con la regeneración?
Afortunadamente, en los últimos tiempos ha aumentado el estudio del cuerpo femenino. Han salido a la luz diferencias que derivan principalmente de nuestros distintos sistemas hormonales.
Los procesos de regeneración no son iguales en un cuerpo masculino que en uno femenino.
Funcionamos por ciclos; por lo tanto, todo lo que hagamos debería estar adaptado a nuestro ciclo menstrual.
Lo mismo ocurre con la rehabilitación. No tratamos de la misma manera una lesión un lunes en pleno día de ovulación, que como la trataremos un viernes en la fase lútea.
Nuestros niveles hormonales siempre fluctúan y cumplen propósitos diferentes en el proceso de regeneración.
Si permitimos que nuestras hormonas fluyan de forma natural y con apoyo, esto equivale a una terapia sanadora.
Así, la regeneración será completa. Nuestras hormonas influyen en la estabilidad de nuestras articulaciones, en los procesos inflamatorios y también en cómo percibimos el dolor.
Estoy aquí para ayudarte a volver a vivir una vida plena tras una lesión traumática o un accidente, y para que entiendas cómo puedes usar tu propio cuerpo para regenerarse.
No necesitas nada más que nuestro cerebro, nuestras hormonas y ejercicios.